LITERATURA Y ARQUITECTURA (XI): «HAGAN SITIO, HAGAN SITIO»: LAS CIUDADES SUPERPOBLADAS Y LA ARQUITECTURA DE SEGREGACIÓN.

UNA DISTOPÍA DE FICCIÓN DEMOGRÁFICA Y CLIMÁTICA

«!Hagan sitio!, !hagan sitio!» («Make room, make room») es un libro de Harry Harrison, autor reconocido por sus obras de ciencia ficción y por su preocupación por temas ecológicos y sociales, publicado en 1966 en Estados Unidos.

Ciudades Superpobladas
Portada del libro. Ed. Minotauro

Harrison pinta un desolador panorama de la ciudad de Nueva York , que alcanza los 35 millones de habitantes en 1999. Limitada la isla de Manhattan para expandirse a lo ancho «crece a lo alto, reemplazando los edificios antiguos por otros nuevos, más altos y todavía más altos, pero nunca lo suficiente porque no parece existir límite para la gente que se apretuja aquí».

En la ciudad «Los Ancianos» organizan continuamente marchas de protesta frente a la Oficina de Beneficencia, pues son marginados como inservibles consumidores de recursos. Como consecuencia del cambio climático la alimentación es depresiva, con galletas de algas untadas de margarina obtenida de productos petroquímicos. «Todo es lo mismo. Sabe a pescado. Yo renuncio a la margarina para que no me salgan aletas» dice el protagonista. El aroma de la calle es un vaho sofocante compuesto de putrefacción, suciedad y humanidad sin lavar. La ciudad está abarrotada de gente pero también de basura y escombros. La temperatura sobrepasa los 37 grados y hay escasez de agua. También de combustible, por lo que proliferan los vehículos de tracción a pedal.

Una autopista elevada cruza la ciudad de un extremo a otro, proyectando sombra sobre las calles, lo que las hace aún más insalubres y estruendosas. En cuanto a las viviendas, Harrison las califica como cuartos -puede imaginarse el tamaño- ubicados en edificios con retretes comunes situados en el patio. En los muelles se agolpan infinidad de antiguos buques oxidados y abandonados cuyo interior ha sido convertido en apartamentos debido a la escasez de alojamiento.

La novela tiene un componente de crítica social en la que Harrison apunta al capitalismo y consumismo como causa del agotamiento de los recursos naturales. Como en muchas novelas distópicas de ciencia ficción imperan las desigualdades sociales, con sólo unos pocos privilegiados acaparando todos los recursos. Los ricos viven en bloques de lujo de estilo neo- feudal, con murallas, foso y torreones para mantener a las masas lo más lejos posible.

Las penurias de la población en fotograma de la película «Cuando el destino nos alcance», basada en el libro de H. Harrison. MGM

En cuanto a la trama, el policía Andrew Rusch se encarga de investigar crímenes en la ciudad y controlar las protestas constantes de la población por la falta de comida y agua. La narración de las vicisitudes en la vida del protagonista sirve para describir la vida y la sociedad a su alrededor en un mundo en decadencia

Los inquietantes augurios previstos por Harrison no se han hecho realidad: hoy día la población de Nueva York no sobrepasa los 9 millones de habitantes y ni siquiera su Estado alcanza los 19. Además, aunque de forma desigual y no sabemos por cuánto tiempo, todavía hay recursos para alimentar a la población mundial.

UN ENVEJECIDO REPARTO PARA UNA GRAN PELÍCULA

Mucho más inquietante es «Cuando el destino nos alcance», película de Richard Fleischer estrenada en 1973 y protagonizada por Charlton Heston, Edward G. Robinson -en su última aparición en pantalla- además de Leigh Taylor-Young, Chuck Connors, Joseph Cotten y Dick Van Patten. Se trataba de un gran elenco, en algunos casos algo entrado en años: Robinson no vivió para ver el estreno y Charlton Heston fue sustituido por un doble en todas las escenas de acción, incluidas simples carreras.

Superpoblación y Arquitectura
Cartel de la película «Cuando el destino nos alcance». MGM

El guión de la película se basa en la novela original – aunque sitúa la acción en 2022- pero sin duda mejora y desarrolla con más profundidad sus aspectos premonitorios y una investigación de asesinato hasta el descubrimiento de un aterrador secreto. Totalmente recomendable aunque haya soportado mal el paso del tiempo.

ARQUITECTURA Y SEGREGACIÓN SOCIAL

Son abundantes las obras literarias y películas de ciencia ficción que anticipan una sociedad en la que impera la segregación, ya sea en su vertiente socioeconómica, de género, etaria o racial. La realidad se ha empeñado en numerosas ocasiones en dar la razón a estos augurios: desde el mismo siglo XX hasta nuestros días encontramos ejemplos del fracaso de la arquitectura de integración y en los que el planeamiento ha sido incapaz de anticipar las necesidades futuras de la población.

Un ejemplo paradigmático fue el complejo de promoción pública Pruitt-Igoe en San Luis (EEUU) construido en 1955. Tras la Segunda Guerra Mundial los barrios céntricos de la ciudad habían ido degradándose y las familias de clase media -sobre todo de raza blanca- abandonaban progresivamente el centro y sus antiguas residencias las ocupaban familias de rentas bajas -principalmente de raza negra. Las autoridades encargaron Minoru Yamasaki un complejo residencial de 33 bloques de 11 plantas para alojar a familias con bajos ingresos. El proyecto supuestamente integrador partía de premisas segregacionistas con sectores independientes para blancos (viviendas Igoe) y para negros (apartamentos Pruitt) pero la decisión de la corte de Misuri de eliminar la segregación racial en dicho estado motivó que los edificios fuesen ocupados por inquilinos de raza negra, pues los blancos declinaron formar parte del nuevo barrio integrado. El complejo no llegó nunca a estar ocupado por completo y su progresiva decadencia llevó a su demolición completa en la década de los 70. Un caso más de los llamados «hogares» que son productos de una construcción que, en palabras de A. Mitscherlich – director del Instituto Sigmund Freud de Frankfort y Premio Nobel de la Paz en 1969- «con grotesco sentido del humor ha sido designada como construcción social, pese a que se podría hablar de arrabales planeados».

Ciudades Superpobladas
Demolición del complejo Pruitt-Igoe en 1972. Wikipedia

En el caso de la segregación generacional contamos con innumerables ejemplos, como The Villages, creada en 1972 en el estado de Florida, la ciudad que más crece en Estados Unidos: cuenta con más de 100.000 habitantes y está destinada únicamente a mayores de 55 años. La idea de una ciudad satélite para personas mayores es inicialmente atractiva pero al mismo tiempo supone el apartamiento definitivo de los ancianos del entorno vital de las personas activas.

The Village,la ciudad que mas crece
Mujeres en clase de danza en The Villages. BBC News

¿Utopía o distopía urbana? Se trata de la ciudad de Estados Unidos con más carros de golf por habitante. No hay pobres ni mendigos y la práctica totalidad de sus habitantes es de raza blanca y alta renta. En contrapartida, también cuenta con alta proliferación de enfermedades venéreas, pues al no haber riesgo de embarazos, se practica el sexo sin precauciones.

Pero cuando se pregunta a los residentes que es lo que más echan de menos del mundo exterior o de sus antiguas vidas, la respuesta siempre es la misma: la familia.

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