LITERATURA Y ARQUITECTURA (IX): «LA MÁQUINA DEL TIEMPO» Y LAS CIUDADES SUBTERRÁNEAS

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

De acuerdo con las evidencias arqueológicas, hace más de 2 millones de años el hombre primitivo, agrupado en pequeñas comunidades nómadas que dependían para subsistir de la caza, pesca y recolección ya buscó el refugio de las cavernas para protegerse de los elementos así como de los depredadores y enemigos.

Con el desarrollo de la civilización el ser humano buscó asentamientos en superficie, si bien en determinados casos hubo de volver al subsuelo buscando protección contra agentes climáticos extremos y seguridad frente a invasores.

Tal es el sorprendente caso por su complejidad y tamaño de la ciudad de Derinkuyu, en Capadocia (Turquía) excavada por los hititas alrededor del año 1.400 a.C.

Ciudad subterránea de Derinkuyu, Turquía. Shutterstock

Está formada por innumerables túneles y galerías distribuidas en más de 20 niveles y alcanza los 85 m. de profundidad. Construida en la roca volcánica -fácilmente excavable- por los habitantes de Capadocia para protegerse de las invasiones persas, consta de abajo a arriba de un nivel más profundo para recogida de aguas, iglesia y otras estancias comunes, almacenes para alimentos y enseres, recintos para el ganado y alojamiento para sus habitantes.

La ventilación se garantizaba mediante respiraderos verticales y la seguridad condenando las numerosas bocas de entrada mediante puertas de piedra. Se estima que podía llegar a albergar en caso de amenaza en el exterior a 50.000 personas

Existen evidencias mucho más modernas como las de la civilización amerindia de Anazasi que en el siglo XIII construyó sus asentamientos en casas pozo excavadas en cañones y acantilados, o como las casas cueva excavadas en la roca volcánica de las laderas de sierra Nevada en Guadix (Granada) que datan de siglos atrás y hoy día siguen utilizándose por su confort térmico -garantizan temperaturas estables durante todo el año- modernizadas y adaptadas a las necesidades actuales.

LOS MORLOCKS Y EL MUNDO SUBTERRÁNEO

«La máquina del tiempo» es una novela de H. G. Wells publicada en 1895 que relata la historia de un científico que inventa un artefacto que permite navegar adelante y atrás en el tiempo. Cuando lo utiliza para viajar cientos de miles de años hacia el futuro se encuentra una humanidad dividida en dos razas: los eloi, que disfrutan de una vida paradisíaca y despreocupada en la superficie y los morlocks, una especie de humanoides salvajes que habitan en el subsuelo y por la noche salen al exterior para dar caza y devorar a los primeros.

Ilustración para el cartel para la película «The time machine». MGM

Al encontrarse con los morlocks  y descubrir uno de los pozos que dan acceso a su morada el protagonista relata: «Bajo mis pies la tierra debía de estar inmensamente socavada y esos socavones eran la vivienda de la nueva raza. La presencia de tubos de ventilación y de los pozos a lo largo de las laderas de las colinas (…) revelaba cuán universales eran sus ramificaciones».

Para continuar «Al principio, procediendo conforme a los problemas de nuestra propia época, parecíame claro como la luz del día que la extensión gradual de las actuales diferencias meramente temporales y sociales entre el Capitalista y el Trabajador era la clave de la situación entera. Sin duda les parecerá a ustedes un tanto grotesco -¡y disparatadamente increíble!-, y, sin embargo, aún ahora existen circunstancias que señalan ese camino. Hay una tendencia a utilizar el espacio subterráneo para los fines menos decorativos de la civilización; hay, por ejemplo, en Londres el Metro, hay los nuevos tranvías eléctricos, hay pasos subterráneos, talleres y restaurantes subterráneos, que aumentan y se multiplican. «Evidentemente -pensé-esta tendencia ha crecido hasta el punto que la industria ha perdido gradualmente su derecho de existencia al aire libre.» Quiero decir que se había extendido cada vez más profundamente y cada vez en más y más amplias fábricas subterráneas ¡consumiendo una cantidad de tiempo sin cesar creciente, hasta que al final …! Aún hoy día, ¿es que un obrero del East End no vive en condiciones de tal modo artificiales que, prácticamente, está separado de la superficie natural de la tierra?»

Las ciudades subterráneas descritas por Wells son muestra del ingenio y capacidad de adaptación de la humanidad frente a condiciones adversas exteriores y al mismo tiempo representan una forma de organización social alternativa. Estas ciudades tienen un diseño arquitectónico avanzado a base de complejas redes de túneles y aprovechan los recursos subterráneos, obteniendo de fuentes renovables la energía para iluminar y alimentar a su población.

La organización social también se presenta como evolucionada hacia una civilización sin jerarquías sociales ni tensiones conflictivas, basada en la cooperación orientada al bien común, la armonía entres sus habitantes y una vida adaptada y sostenible. Wells abre de esta forma un interrogante sobre los dilemas y posibilidades que plantea el futuro de la evolución humana.

La obra no deja de ser una sátira sobre la evolución social y la división de clases, ya que presenta a los elois como evolución de la élite ociosa- por tanto frágiles y apáticos- y a los morlocks como criaturas descendientes de la antigua clase trabajadora y en consecuencia fuertes, ágiles, depredadoras y adaptadas a un entorno hostil.

INFLUENCIA EN EL CINE Y LITERATURA DE CIENCIA FICCIÓN

Poco antes que H. G. Wells, Julio Verne ya relata en su novela «Las indias negras» (1877) la existencia de una ciudad enterrada por debajo de Escocia en una mina de carbón, en la que sus habitantes, que no conocen el mundo exterior, disfrutan de una sociedad utópica

Portada de «Las indias negras» (1877), de Julio Verne.

Después de Verne y Wells las ciudades subterráneas han sido un tema recurrente en la ciencia ficción y se han presentado como solución a condiciones hostiles en la Tierra debidas a catástrofes -guerras, problemas ambientales- o la evolución tecnológica y social de la humanidad.  

«La ciudad y las estrellas» (1956) de Arthur C. Clarke se desarrolla en Diaspar, una ciudad encapsulada y en la que sus habitantes creen ser los únicos supervivientes a un ataque extraterrestre, por lo que tienen pánico a salir al exterior.

En la trilogía de novelas «Metro 2033» de Dmitry Glukhovsky se presenta una sociedad que, refugiada en el sistema de metro de Moscú tras un apocalipsis nuclear, ha creado ciudades subterráneas en los túneles para sobrevivir y nuevos modelos de comunidad.

En la novela postapocalíptica «La carretera» (2006) de Cormac McCarthy un padre y su hijo recorren un mundo devastado, encontrando en su viaje ciudades subterráneas que han sido abandonadas.

Por último un clásico, no sólo del Cine, también de la Arquitectura: Fritz Lang, en su película «Metrópolis» (1927) presenta una sociedad futurista con una ciudad dividida en dos niveles: los ricos viven en la superficie, mientras que los trabajadores viven y trabajan en condiciones inhumanas en el mundo subterráneo.

Entrada a la fábrica en «Metrópolis» de Fritz Lang. El País

En el diseño de los escenarios de la ciudad en superficie (clase privilegiada) y del subsuelo (clase obrera) se aprecian claras referencias a la arquitectura del expresionismo, futurismo y racionalismo y al concepto utópico de ciudad estratificada planteado por la arquitectura de las  vanguardias de principios del siglo XX.

Para saber más:

  • «La máquina del tiempo», H. G. Wells, Toribio Taberner Editor, 1905.
  • «Arquitectura en la literatura de ciencia ficción», Margarita Luxán García de Diego. UPM, 1986.