LITERATURA Y ARQUITECTURA (V): «CUANDO EL DORMIDO DESPIERTE » Y LAS VIVIENDAS DEL FUTURO

ESCRITORES O VISIONARIOS

Dos escritores de finales del siglo XIX, H. G. Wells y Julio Verne, son unánimemente considerados los precursores de la ciencia ficción moderna. Si bien existen curiosos precedentes en tiempos remotos, como la Historia verdadera, de Luciano de Samosata (125-192 d.C.) una fantasía que relata un viaje imaginario al espacio, no pueden considerarse estrictamente obras de ciencia ficción pues no tienen intención anticipatoria alguna ni presentan sus argumentos como viables científicamente, sino como pura fantasía o ensoñación.

Con Wells y Verne la novela de anticipación basada en fundamentos y avances científicos -reales o imaginarios- sembrará el germen de la edad de oro que vivió el género de la ciencia ficción en la primera mitad del siglo XX.  En sus novelas encontramos proyecciones futuras de los viajes espaciales (De la tierra a la Luna, Julio Verne, 1865); de los sumergibles y de la exploración submarina (20.000 leguas de viaje submarino, Julio Verne, 1864); de la manipulación genética (La isla del Dr. Moreau, H. G. Wells, 1896) o de la invasión de civilizaciones extraterrestres (La guerra de los mundos, H.G. Wells, 1898).

Ilustración de la novela «De la Tierra a la Luna», de Henri de Montaut. Wikimedia Commons

UN SUEÑO DE 200 AÑOS

«Cuando el dormido despierte» es una novela de H. G. Wells publicada en 1899 que puede ser considerada una historia de ficción política al mismo tiempo que científica. Narra la historia de Graham, un hombre que cae en estado de catalepsia en la Inglaterra victoriana y despierta doscientos años más tarde, en un  mundo regido por el capitalismo despiadado y la tiranía de las élites gobernantes sobre las masas de trabajadores esclavizados.

Al margen de consideraciones sobre la visión distópica del futuro tan alejado del paraíso utópico de Tomás Moro, resulta interesante centrarse en la visión del urbanismo de las megápolis y la arquitectura de los edificios que dibuja la novela.

Ilustración de H. Lanos para la novela «The sleeper awakes». Wikimedia Commons

Cuando Graham despierta, lo hace en un colchón transparente de un aposento sin ornamento alguno, con superficies pulidas y brillantes y que carece de ventanas, con techo en forma de cúpula y óculo central, en el que unas aspas proporcionan ventilación mecánica; carece de puertas y los pasillos tienen forma de arco.  Se trata de una descripción sin duda próxima a la arquitectura pop de los años 60 y a las proyecciones de mediados del siglo XX sobre casas del futuro con formas orgánicas y alejadas de la geometría del movimiento moderno.

Cuando se asoma al exterior su asombro es aún mayor, al observar la arquitectura: «Naves de colosales dimensiones curvándose espaciosamente a ambos lados.  Encima, elevadas cuadernas cruzaban aquél anchuroso espacio, cubierto por una materia traslúcida«. Imagen que con décadas de antelación nos presenta las ciudades bajo cúpulas proyectadas en el siguiente siglo para las colonias espaciales.

En cuanto a las infraestructuras urbanas, llama la atención el sistema de carreteras a base de plataformas móviles  por las que se desplazan los habitantes y el sistema de vomitorios también móviles por los que entra y sale la gente que nos recuerdan a las actuales escaleras mecánicas.

WOODY ALLEN, LA CASA DEL FUTURO Y EL ORGASMATRÓN.

«El dormilón» es una película de Woody Allen de 1973 basada en el libro de H. G. Wells «Cuando el dormido despierte«. El punto de partida es casi idéntico:   un comerciante ingresado para una operación sin importancia, acaba criogenizado por error y despierta 200 años más tarde (“el auténtico milagro es estar 200 años ingresado en el hospital sin pasarme la factura”) en un país regido por un estado policial y dictatorial al que las masas quieren derrocar.

En ella aparece como vivienda del siglo XXI la Sculptured House proyectada por Charles Deaton en Colorado en 1963, que se alza despegando del paisaje con formas curvas rotundas y espacios interiores diáfanos carentes de decoración. Esta casa reúne las características más relevantes de la arquitectura pop con influencia del movimiento futurista, como son: predominio de la línea curva, con mayor expresividad que la recta, tanto en planta como en alzado; eliminación de ornato superfluo; utilización de materiales sencillos y ligeros, como hierro, vidrio, plásticos y  textiles  en contraposición a la piedra y el ladrillo; el arte y la expresión frente a funcionalidad.

Sculptured house en Colorado, de Charles Deaton. Flickr

Si hablamos de mobiliario e instalaciones, el primero es escaso, y resulta especialmente divertida la escena de Miles (Woody Allen) intentando sentarse en una silla de diseño; en cuanto a las segundas, la vivienda está domotizada con robots sirvientes,  perros a pilas y confesor automático, pero la instalación estrella es el «orgasmatrón», un armario cilíndrico vertical que induce orgasmos rápidos a quienes se introducen en él. Allen, como siempre genial y visionario: en 2014 salió al mercado un implante que causa orgasmo con sólo apretar un botón. Eso sí, al módico precio de 25.000 dólares.

Para saber más:

  • «Cuando el dormido despierte», H. G. Wells, Toribio Taberner Editor, 1905
  • «Arquitectura en la literatura de ciencia ficción», Margarita Luxán García de Diego. UPM, 1986.
Alberto del Rio
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