LITERATURA Y ARQUITECTURA (I): «LA MONTAÑA MAGICA» Y LOS SANATORIOS ANTITUBERCULOSOS

Preventorio Busot

Con este artículo iniciamos una serie dedicada a la Arquitectura vista a través de la Literatura.

A lo largo de varios artículos, mostraremos diferentes visiones de la Arquitectura y lo haremos siempre apoyándonos en grandes novelas y obras literarias.

Qué mejor comienzo que iniciar la serie con «La montaña mágica», quizás la obra más conocida del Premio Nobel de Literatura y gran escritor alemán, Thomas Mann.

A través de «La montaña mágica» profundizaremos en una tipología de arquitectura muy determinada, los sanatorios de tuberculosos y los preventorios.

A principios del siglo XX, al no disponerse de una terapia efectiva contra la tuberculosis su tratamiento se basaba en la vida al aire libre y en los beneficios del clima de montaña, con alimentación abundante y práctica de ejercicio. Es por ello que los sanatorios antituberculosos se instalaron en lugares apartados de las ciudades y en plena naturaleza, ya fuera en la montaña o en la costa, no siendo extraño que en Europa muchos hoteles de montaña alemanes y suizos se reconvirtieran para tal uso.

LA DECADENCIA DE LOS SANATORIOS

A partir de mediados del siglo XX, cuando se empezó a disponer de remedio o tratamientos eficaces para la enfermedad, los sanatorios antituberculosos cayeron en el olvido y fueron abandonados o reconvertidos para otros fines.

Un paisaje donde la arquitectura se yergue abandonada puede ser una imagen evocadora, sugerente e inspiradora para un artista. En la actualidad los sanatorios antituberculosos causan en nosotros el magnetismo de los edificios obsoletos enclavados en parajes de gran belleza y pertenecientes a un mundo pasado, del mismo modo que pueden hacerlo por ejemplo los sanatorios mentales o manicomios- o las ruinas -salvando las distancias y el tiempo- de la Antigüedad Clásica.

El escritor Thomas Mann y su relación con la arquitectura

Thomas Mann, autor de la «La montaña mágica»

EL SANATORIO BERGHOF.

Sanatorio-Berghof

Enfermos de tuberculosis en un sanatorio de Davos

La montaña mágica es una novela de Thomas Mann publicada en 1924, considerada una obra cumbre de la literatura universal. Se desarrolla casi por completo en el Berghof, un sanatorio antituberculoso de los Alpes suizos, al que acude el joven Hans Castorp para visitar a su primo Joachim; la estancia que se presuponía corta, acaba prolongándose, dando pie la tranquilidad del lugar y su alejamiento del mundanal ruido para la conversación y la meditación sobre la condición humana, sobre la libertad, el amor, la religión, la política, la vida y la muerte.

Mann relata con maestría el ambiente opresivo del sanatorio, en el que muchos de los pacientes acechados por la muerte que probablemente les espera, se entregan al ocio y al placer olvidando las convenciones del mundo exterior.

En la novela encontramos una descripción minuciosa de la vida cotidiana de los enfermos alojados en el sanatorio y de las atenciones que requieren, por lo tanto también una fiel muestra del programa funcional del edificio y los espacios asignados a la enfermedad.

No hay duda de que Mann conocía perfectamente este tipo de instituciones, pues visitó a lo largo de 1912 en varias ocasiones a su mujer Katia, afectada de broncopulmonía y alojada en el sanatorio Wald, en Davos y las experiencias por ella relatadas le sirvieron de inspiración para La montaña mágica. En realidad el sanatorio Berghof de la novela nunca existió, pero su configuración arquitectónica y descripción funcional está basada en el Wald y en el Valbella, también en Davos y cerrado en 2004.

En La montaña mágica descubrimos detalladamente el programa funcional del edificio: las zonas comunes con espaciosos salones y comedores, para atender las numerosas y abundantes comidas diarias; amplias terrazas bajo arquerías para la toma de baños de sol y estancia al aire libre en cómodas chaise longue; austeras habitaciones simples y dobles para enfermos , decoradas con papel pintado en blanco y pavimento de linóleo limpio y brillante , con camas de hierro y dotadas de lavabo, pero fundamentalmente dotadas de buena orientación y vistas, pues las estancias de pacientes pueden prolongarse durante meses e incluso años; las salas de rayos X; la capilla y la biblioteca; y los infinitos espacios exteriores.

Sanatorios antituberculosos en España. El sanatorio de Aigües de Busot.

La muerte por tuberculosis de Alfonso XII en 1885 despertó de nuevo la preocupación por esta enfermedad, ya conocida siglos atrás, y durante el reinado de Alfonso XII aparecieron las primeras instituciones públicas para la lucha contra la también llamada tisis. Este impulso continuó durante la Segunda República, pero se vio interrumpido por la Guerra Civil. En la posguerra el bando vencedor creó el Patronato Nacional Antituberculoso, con el fin de implantar una red de sanatorios por toda España y sobre todo de aislar a los enfermos y evitar el contagio, pues la tuberculosis se había convertido en la primera mitad del siglo XX en la primera causa de muerte entre personas jóvenes.

La primera adquisición para ser convertida en sanatorio antituberculoso estaba situada en la localidad de Aigües, a 25 km. de Alicante, y fue el antiguo hotel Miramar, propiedad del conde Casa Rojas. Situado a 500 m. de altitud en una ladera orientada al sur y rodeada de pinares, aún se mantiene a duras penas en pie, sometido durante años al abandono y el expolio, pero permite apreciar su estructura y configuración originales.

Preventorio Busot

El preventorio de Aigües

El edificio principal era un bloque lineal de cuatro alturas con cubierta inclinada, albergando en las plantas superiores las habitaciones y en la baja los servicios comunes y espacios de atención sanitaria. Cabe reseñar que el hotel sobre el que se implantó el sanatorio carecía de terrazas, tan necesarias para las curas de reposo y baños de sol de los enfermos, si bien con un clima tan benigno -seco y templado- como el de Alicante dichas actividades podían desarrollarse en los espacios exteriores, como los jardines, la piscina y la red de caminos dotados de bancos que cruzaban el bosque.

Preventorio-Busot

El preventorio de Aigües en la actualidad

En los sanatorios implantados sobre edificios existentes o antiguos establecimientos hoteleros la instalación se vio condicionada por la arquitectura preexistente, como había ocurrido en el sanatorio de Aigües, pero los edificios de nueva planta se fue implantando el programa funcional necesario para el tratamiento específico de la enfermedad.

Se proyectaron habitaciones orientadas a sur en pabellones lineales de planta rectangular, con galerías-terrazas para los enfermos, salas de visita con evitación de contacto entre familiares y enfermos. Los sanatorios, según sus necesidades de alojamiento, podían estar provistos de varias plantas en pabellones con configuración rectangular, si bien las primera décadas del siglo XX´vieron el paso de una arquitectura ecléctica hacia una más racionalista con espíritu imbuido de las vanguardias europeas, lo que dio como resultado la evolución en primer lugar a edificios con varias alas en planta de T para diferenciación de funciones y más tarde a los edificios con estructura en peine propios de la arquitectura hospitalaria actual.

Para saber más:

  • La montaña mágica, Thomas Mann (1924). Ed. Edhasa
  • Pabellón de reposo, Camilo José Cela (1978). Ed. Destino.
  • Arquitectura sanitaria: Sanatorios antituberculosos. Cecilia Ruiloba Quecedo (2014 Escuela Nacional de Sanidad Instituto de Salud Carlos III Ministerio de Economía y Competitividad).
Alberto del Rio
Share
This