LAS GUERRAS DACIAS
Las tierras situadas al sur del Danubio habían sido convertidas en la provincia de Mesia -actual Rumanía desde el mar Negro hasta el curso medio del Danubio- en época de Augusto, manteniéndose la paz a base de tratados de alianza prorrogados consecutivamente por reyes y emperadores del reino de los dacios.
En tiempos de Domiciano (85 d.C.) el caudillo Decébalo agrupó a los pueblos del norte y este y atacó por sorpresa a los romanos, acabando con el gobernador Cayo Opio Sabino y aniquilando una legión por completo.
Domiciano envió dos legiones, V Alaudae y la VII Claudia, además de gran parte de las III Flavia y I Adiutrix al mando del prefecto Cornelio Fusco. El ejército romano se dirigió hacia Sarmizegetusa, la capital dacia situada en los Cárpatos, pero fue interceptado y derrotado en la primera batalla de Tapae (87).
Domiciano lanzó una segunda expedición formada por 100.000 hombres, que cruzó el Danubio sobre un puente de pontones y se enfrentó a 200.000 dacios, roxolanos y bastarnos en Tapae. Tras bajas muy importantes por ambos bandos se pidió la paz, que incluía un pago anual a la Dacia y el reconocimiento de su rey, lo que fue considerada una humillación por el Senado de Roma.

Trajano, emperador desde el año 98, ordenó suspender los pagos a cambio de la paz, lo que provocó incursiones de los dacios y la excusa perfecta para que el Senado autorizara la invasión de Dacia. Se formó con 14 legiones el mayor ejército -150.000 hombres- desde tiempos de Augusto y en 101 Trajano partió hacia el Danubio y tras cruzar el río sobre pontones derrotó a los dacios en la tercera batalla de Tapae, pero el invierno le impidió llegar a Sarmizegetusa. El contraataque de Decébalo fue detenido en la batalla de Adamclisi y sus tropas masacradas. Los acuerdos de paz tras esta guerra no fueron respetados por Decébalo y en 105 d.C. atacó a las guarniciones romanas, eliminó a los dacios pro-romanos y secuestró a Longino, amigo personal de Trajano. Esto dio comienzo a la Segunda Guerra Dacia, en tiempos de la cual se desarrolla la novela Circo Máximo.
LA TRILOGÍA DE TRAJANO
Circo Máximo, obra de Santiago Posteguillo, es la segunda parte de su trilogía de Trajano y una trepidante y magistral novela histórica. En ella encontramos entrelazadas historias de amor y de intriga, de gladiadores en el Anfiteatro y carreras de cuádrigas en el Circo Máximo, de batallas y de asedios como el Sarmizegetusa en la conquista de Dacia.
Posteguillo, premio Planeta en 2018 y uno de los autores más vendidos en España recrea con rigor las formas de vida y la arquitectura de la antigua Roma, describiendo fielmente los espectáculos y los edificios destinados a tal fin, como en el caso del Circo Máximo

Puesto que el desarrollo, funcionamiento e instalaciones de las carreras de cuádrigas ha sido objeto de artículo anterior en este blog (Literatura y Arquitectura VII: Ben Hur y el Circo de Antioquía) vamos a centrar éste en la fidedigna y documentada descripción de la construcción del puente de Trajano sobre el Danubio, obra que par el emperador era indispensable no sólo desde el punto de vista militar sino también desde el propagandístico, como muestra de la superioridad tecnológica y del poderío de Roma .
EL PUENTE …DE APOLODORO, NO DE TRAJANO
Conforme a la tradición del imperio según la cual las grandes obras eran bautizadas a mayor gloria del emperador -Anfiteatro Flavio, Foro de Augusto, Termas de Caracalla- y rara vez era sabido el nombre de su creador, el puente construido sobre el Danubio por los romanos y conocido como el puente de Trajano, es obra del ingeniero y arquitecto de origen sirio Apolodoro de Damasco.
En la novela se describe con precisión el proyecto y la construcción del puente. El primer paso para poder construir los apoyos sobre un fondo seco, era delimitar pozos a modo de cajones estancos mediante ataguías -doble empalizada impermeabilizada con pez y rellena de arcilla- para, una vez extraída el agua de los pozos, ser rellenados de sillares y hormigón. Es de reseñar que el hormigón romano tenía capacidad para fraguar debajo del agua o en condiciones muy húmedas por su composición de cal y puzolana.
En el libro III se describe la extracción de agua de los pozos delimitados por ataguías mediante tornillo de Arquímedes -también conocido como caracol egipcio- porque Arquímedes lo inventó estando allí. Apolodoro explica a los operarios:
«Alrededor de un eje de madera central iremos insertando las varillas de madera haciendo una espiral(…) Al girar el agua ascenderá, la sacaremos fuera del espacio de las ataguías y rellenaremos el espacio con arcilla (…) A continuación sacaremos el agua desde el recinto de los muros de contención (…) y por fin tendremos un agujero sin agua en medio del río para ir colocando los sillares de piedra que los esclavos traerán de canteras próximas».

En el libro IV Apolodoro explica a Tercio Juliano, legatus de la VI Legión que proyecta una separación de 125 pies ( 38 m.) entre los pilares del puente y aquél piensa que está loco. «Los pilares están demasiado lejos unos de otros. Todo se vendrá abajo cuando se coloquen las dovelas de los arcos de piedra sobre las cimbras de madera». No sabe que el arquitecto ha planeado levantar sólo diecinueve apoyos para salvar los más de 1.000 m del cauce, resolviendo con arcos rebajados de madera de aliso el espacio entre pilares, que ascenderían a más de cincuenta en el caso de arcos de medio punto de piedra.


Abajo, construcción característica con arcos de piedra de medio punto en Alcántara. Wikimedia commons.
Para asombro de Trajano el puente fue levantado en tiempo récord entre los años 103 y 105 y fue capaz de soportar el paso de los ejércitos de Roma. En cuanto a la destrucción del puente, del que apenas quedan restos, parece ser que fue intencionada bajo mandato de Adriano como defensa de posibles invasiones bárbaras.
La técnica ideada por los romanos para construir sus puentes consistente en aislar con un recinto impermeable el sitio donde había de construirse el cimiento y agotar en el interior para poder, ya en seco, excavar primero y rellenar después con la fábrica del cimiento, ha seguido siendo utilizada hasta nuestros días en gran número de obras hidráulicas.

Podemos encontrar en la actualidad variantes ejecutadas desde ataguías con malecones de tierra – las más sencillas- hasta tablestacados dobles de madera, de pilotes de acero, de chapa y de hormigón.
Para saber más:
- «Circo Máximo», Santiago Posteguillo. Ed. Planeta, 2018.
- «Puentes de fábrica y hormigón armado». José Eugenio Ribera. S.I. Madrid, 1930.

